Hace muchos años, en un lugar misterioso y exótico de África, había una antigua estación de tren olvidada entre la naturaleza, hasta que un amable guía viajero decidió devolverle la vida.
Con paciencia, limpió, arregló y preparó la estación para recibir a nuevos exploradores. Incluyó señales, dio vida a rincones y dejó todo listo para que las familias que pasaran por allí pudieran descansar antes de continuar su viaje. Un día llegó un explorador, quien entendió que podía ser el punto de partida de increíbles aventuras. Lo vio, sonrió, e inmediatamente pronunció la palabra "Karibu", que en suajili significa bienvenido.
Desde ese día, la Estación Karibu se convirtió en un lugar especial para familias viajeras. Los niños podían explorar, aprender y jugar; mientras los adultos, compartían historias y recargaban energía.
Hoy, cada familia que llega a Karibu continúa la tradición: entrar como viajeros… y salir como exploradores listos para una nueva aventura.